lunes, 7 de abril de 2008

Poema de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.





1 comentario:

Paco Ayala dijo...

¿Qué se puede comentar de un blog tan escueto como el tuyo? Pues... que te pongas las pilas y... ¡a escribir, a imaginar, a redactar, a inventar, a trabajar!
Un 5 de consolación.